La grandeza de las mujeres no está en discusión, a lo largo del tiempo se ha demostrado, unas desde la academia, otras por la investigaciónFoto: Especial

La grandeza de las mujeres no está en discusión, a lo largo del tiempo se ha demostrado, algunas lo manifiestan desde la academia, otras desde la investigación, algunas más desde sus posiciones políticas o filosóficas o desde sus activismos o desde sus feminismos, incluso desde sus luchas diarias.

Muchas de ellas con ideas salvadoras como Olympia de Gaulles y su Declaración de los Derechos de las Mujeres, o la inteligencia de una Marie Curie y sus investigaciones que le otorgaron en dos ocasiones el premio Nobel -el de Física y el de Química-; tantas y tantas que se pudieran mencionar.

Sin embargo, hoy quiero recordar a dos de ellas nacidas en el mes de enero una en el año de 1908 y la otra en 1933. Ambas aportaron desde las trincheras que les tocó vivir muchos elementos que fueron permitiendo visibilizar, reconocer y luchar por una causa común, nuestros derechos: Simone De Beauvoir y Susan Sontag.

Ambas filósofas, escritoras, de visión y pensamiento crítico, que exploraron la realidad humana. Pensadoras provocadoras. Incómodas para su época.

Defensoras de las libertades humanas, desafiaron los convencionalismos de la sociedad de su época, intentando comprender el por qué en todas las producciones culturales de la humanidad, desde el arte hasta el uso del lenguaje, tienen al hombre como punto central y como principal referencia como profundizaba Simone De Beauvoir pionera de la filosofía feminista, en su obra “El Segundo Sexo” que toma por primera vez como centro de su cuestionamiento filosófico a la mujer; o como Susan Sontag que en su ensayo “De las Mujeres” reflexiona sobre la vejez, la belleza, la igualdad, la sexualidad y el fascismo; con propuestas incluso vigentes hoy día sobre liberación del destino reproductivo de las mujeres, revocación del lenguaje sexista y de la doble carga o jornada.

Que señalaba que la emancipación de la mujer le parecía una “necesidad histórica tan primordial como la abolición de la esclavitud que necesitaría de una revolución: radical y conservadora a la vez”. Conservadora, para “rechazar la ideología del desarrollo económico ilimitado, que comparten los países llamados capitalistas como los que aspiran al comunismo”. Radical, para poner “en entredicho los hábitos morales tradicionales, autoritarios que son comunes tanto en países capitalistas como comunistas” de manera que la liberación de la mujer fuera la parte más radical de lo que llamaba “nuevo proceso revolucionario”.

En ese vaivén entre desastres, desesperanzas y esperanzas que les tocó vivir a cada una de ellas fue constante su lucha por la defensa de los derechos humanos.

Su legado sigue vigente aun cuando en muchos momentos en estos reacomodos del orden nacional e internacional actual, lo mismo en populismos de derecha que de izquierda que no responden ni los unos, ni los otros a motivaciones éticas o ideológicas, pareciera que se pretende desmantelarlos.

Sin embargo, aun sobre el auge de esos populismos de derecha, pero también de los populismos de movimientos de izquierda, por encima de las decepciones de los proyectospolíticos; la grandeza de las mujeres que ha quedado demostrada prevalecerá.

Referencias:
Siete Lecciones de Susan Sontag para las mujeres del siglo XXI, Pilar Gómez Rodríguez,
El Confidencial, 07/03/2024
El Segundo Sexo, Simone De Beauvoir, 1947.

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