En 2025, la Zona Arqueológica de Tizatlán, en Tlaxcala, fue objeto de trabajos de mantenimiento mayor, aplicados, en su primera etapaFoto: Especial

En 2025, la Zona Arqueológica de Tizatlán, en Tlaxcala, fue objeto de trabajos de mantenimiento mayor, aplicados, en su primera etapa, a los edificios que conforman su área nuclear, los cuales se prevé continúen este 2026.

A cargo del arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Ramón Santacruz Cano, el Proyecto Arqueológico Tizatlán está encaminado a conservar el patrimonio edificado del sitio, así como explorar contextos arqueológicos que permitan ahondar en el conocimiento del desarrollo cultural, político y arquitectónico de uno de los altepetl más prominentes de lo que fue la confederación de Tlaxcallan, durante el siglo XV.

En el año recién concluido, informó, las labores se centraron en tres áreas nucleares cuya atención era prioritaria: los pisos del recinto de altares policromados, el muro perimetral sur del conjunto arquitectónico y el muro de contención sur de la gran plataforma prehispánica.

Foto: Especial

Respecto a los pisos, aclaró que los visibles en superficie no corresponden a los de origen prehispánico, los cuales, en su mayoría, se perdieron por el intemperismo al que estuvo expuesto el lugar. La solución que dieron los arqueólogos en las intervenciones hechas durante el siglo pasado fue disponer una cubierta de arena sobre los pisos que se conservaban y colocar otros de cemento o de cal con arena.

Ramón Santacruz y su equipo notaron que esos suelos presentaban deterioro, procedieron a levantarlos y a explorar los pisos originales, para valorar el estado en el que se encuentran y consolidarlos; una vez terminado el proceso, les colocaron una cubierta de arena, y encima se reintegró un piso con mezcla de cal, arena y baba de nopal, para respetar el criterio de compatibilidad y reversibilidad que por norma señala el INAH.

Asimismo, hacia el acceso sur al citado basamento, también se trabajó en el primer escalón y arranque de las alfardas, ya que se sitúan en la línea de goteo de la techumbre que protege el edificio; ambas zonas presentaban humedad, hongos y flora parásita. Entre las acciones realizadas están la limpieza general, consolidación de los aplanados originales y la colocación de un velado de cal y arena, el cual impide el ataque de microorganismos.

En el muro perimetral sur, el cual presentó colapso en una de sus secciones, se exploraron 40 centímetros hacia el subsuelo para localizar el desplante original y evaluar su estado de conservación. Una vez hallado, el equipo determinó que aún tiene capacidad de carga para soportar nuevamente el muro, y procedió a la reintegración de 1.5 m. de altura por 2.5 m. de largo. La piedra desprendida fue adherida con un batido de barro, tepetate y agua de baba de nopal. Al final, se le colocó rajueleo para diferenciar la intervención actual de las antiguas.

Foto: Especial

A decir del investigador del INAH, en este caso específico, está previsto que en el transcurso de 2026 se concluya la atención del total del desprendimiento, que es de 3.5 m por 3 m de largo. El estudio de su sistema constructivo permitirá ahondar en una hipótesis, basada en fuentes documentales, según la cual, en aquel sector existía un acceso con escalinata a la plaza y basamento de altares policromados, por tanto, la propuesta es ubicar y definir dicha entrada.

Finalmente, en el muro de contención sur de la gran plataforma prehispánica se retiró la vegetación parásita, la cual dañaba diversas áreas, mismas que también recibieron tratamientos de estabilización.

Por su ubicación, la referida construcción prehispánica, de 90 m de largo y 3.5 m de altura, se humedece durante la temporada de julio a septiembre, lo que provoca la proliferación de flora parásita (tepozán). En 2025, las lluvias atípicas causaron un crecimiento exacerbado de dicha vegetación.

El equipo que apoya al arqueólogo del INAH son vecinos de Tepeticpac y Tizatlán, comprometidos con el cuidado de su patrimonio, capacitados por el INAH para realizar trabajos de conservación, consolidación y apoyo a la investigación.

Por último, el especialista recordó que Tizatlán tuvo tres etapas constructivas: la primera, en 1350 d.C., cuando se levantó el basamento de altares policromados; la segunda, en 1400 d.C., y la última, en 1500 d.C. La importancia del sitio radica en ser el espacio cívico-ceremonial contiguo al tecpan de los Xicohténcatl, donde se pactó la alianza hispano-tlaxcalteca, en 1519, y fue el proveedor de la fuerza militar decisiva para el asedio y toma de México-Tenochtitlan.

Foto: Especial

Para más información de CULTURA haz clic AQUÍ.

Sigue la información de última hora en las redes sociales de URBANO Noticias Puebla y Tlaxcala.