Por primera vez desde 2013 sólo 2 ciudades de México figuran entre las 10 más violentas del mundo, por su incidencia de homicidios dolososFoto: Especial

Puerto Príncipe, en Haití, con una tasa de 197.43 homicidios por cada 100 mil habitantes, es la ciudad más violenta del mundo, por segundo año consecutivo. Su tasa es la segunda más alta desde que este estudio se hace (la más elevada fue alcanzada por Juárez, México en 2010: 283.58 homicidios por cada 100 mil habitantes).

La segunda ciudad más violenta del mundo en 2025 fue Babahoyo, Ecuador (166.02 homicidios por cada 100 mil habitantes).

Esta es una de las siete ciudades ecuatorianas que integran el ranking en 2025: cuatro ciudades ya incluidas previamente y tres incluidas por primera vez, entre ellas la referida Babahoyo.

Asimismo, de las 10 ciudades más violentas del mundo 6 son ecuatorianas, lo que también da una idea de la grave crisis de violencia por la que atraviesa el país sudamericano, crisis en gran medida “importada”, porque los grupos criminales locales que se enfrentan responden a las facciones criminales que desde hace varios años se confrontan en México.

Por primera vez desde 2013 sólo 2 ciudades de México figuran entre las 10 más violentas del mundo, aunque México sigue teniendo el mayor número de ciudades violentas: 17 de 50. Además, la mayoría de ciudades mexicanas presentan tasas inferiores a las observadas en años previos.

¿Esto indica que se ha producido, sobre todo en 2025, una abrupta baja de la violencia en México como alega el gobierno? NO.

Es altamente probable que en efecto la incidencia de homicidios haya tenido bajas significativas en estados a como Chiapas o Zacatecas, pero al mismo tiempo hay indicios de que podríamos estar ante una operación “de Estado” para falsear datos y presentar una reducción de la violencia que no se corresponde con la realidad, con el fin de sustentar la narrativa de que la política de dar abrazos a los criminales, en lugar de aplicarles la ley, es la estrategia correcta. Esta operación de manipulación de cifras ha sido especialmente acusada en los años 2024 y 2025.

Entre las evidencias de este esfuerzo de falsificación de cifras destaca el caso del Estado de México. En 2024 la fiscalía general del estado reportó al Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) 2,334 víctimas de homicidio doloso, que son un 41.26% menos que las que registró el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), que fueron 3,297 ¿Cómo le hizo la fiscalía general de ese estado para no contar casi mil homicidios que el INEGI sí contó?

Además, esa diferencia del 41.26% entre las cifras del INEGI y del SNSP en 2024, es muy superior a la del 10.67% en promedio, habida entre 2018 y 2023, lo que subraya los indicios de manipulación. Y el que en el Estado de México los homicidios hayan bajado entre 2023 y 2025 en un 46.25% es un invento.

De este modo las cifras sobre incidencia de homicidios en México habrían pasado de ser poco veraces y poco confiables, a simplemente no ser ni veraces ni confiables. Esto a su vez tendría varios efectos para el presente estudio: que las tasas de las ciudades son en realidad mucho más altas, sin que tampoco podamos saber con precisión cuales son las reales. Tampoco es posible tener plena certeza de que ciudades mexicanas que no figuran en el ranking debieran figurar y en qué posición.

Hasta ahora los datos del INEGI han servido para detectar la falsificación de las cifras que las fiscalías generales reportan al SNSP. Pero eso podría cambiar: los mismos gobernantes que ordenan falsificar cifras reportadas al SNSP, podrían ordenar que los servicios médicos forenses escamoteen datos al INEGI. Y de hecho eso ha venido ocurriendo en los casos en que las cifras del INEGI son inferiores a las del SNSP.

Un problema adicional es el de los desaparecidos no localizados, la gran mayoría de los cuales es altamente probable que hayan sido asesinados, pero cuyas cifras no se integran a la cuenta de homicidios dolosos. Si las cifras se integraran, como es lo indicado, en 2024 a la cifra de 33,550 homicidios (según el INEGI), habría que sumar 23,578 víctimas de desaparición forzada, para dar un total de 57,128 personas asesinadas. Consecuentemente las tasas de homicidios de las ciudades mexicanas serían considerablemente más elevadas.

La problemática estructural de la falta de certeza de las cifras oficiales sobre homicidios (y delitos en general) responde a que no existe en México ningún mecanismo para una verificación objetiva, autónoma e imparcial sobre la veracidad de la estadística criminal: desde sus escritorios los gobernantes deciden cuales son las cifras que quieren, en lugar de las reales.

En 2025 salieron del ranking 9 ciudades: las brasileñas Caruaru y Manaus; las estadounidenses Baltimore y Detroit; la capital de Jamaica, Kingston y las mexicanas Benito Juárez (Cancún), Morelia, Tapachula y Zacatecas.

En su lugar ingresaron: Babahoyo, Quevedo, Esmeraldas y Santo Domingo de Ecuador; Buenaventura y Pereira de Colombia; Hermosillo de México; Pietermaritzburg de Sudáfrica y Guatemala, del país del mismo nombre.

Las 50 ciudades se reparten así por país: México 17; Colombia 8; Ecuador 7; Brasil 6; Sudáfrica 6; Estados Unidos 3; Guatemala, Haití y Trinidad y Tobago tienen una cada uno.

De las 50 ciudades 44 se ubican en el continente americano y las restantes en el africano. La tasa promedio de las 50 ciudades es de 58.19 homicidios por cada 100 mil habitantes y 17 urbes están por encima de esa tasa promedio.

Las 50 ciudades totalizan 41,802 homicidios y 71,842,021 habitantes. Esa cantidad de homicidios representa el 9.97 % de los que ocurren en el mundo (419,331 al año, según estimación del Banco Mundial) y los habitantes apenas representan el 0.89 % de la población mundial.

La tasa promedio de las 50 ciudades de 58.19 homicidios por cada 100 mil habitantes, es 10 veces superior a la tasa promedio mundial de 5.2, lo que da una idea de la concentración de la violencia en las urbes de este ranking.

Con información de la CMDH

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