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En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, presiones comerciales y un reacomodo del orden económico mundial, la UPAEP, a través de la Facultad de Comercio y Estrategia Internacional, ofreció un análisis profundo sobre las Perspectivas de Negociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), de cara a su primera revisión sexenal en 2026.

Participaron Juan Carlos Botello Osorio y Guillermo Guzmán Cano, profesores investigadores de dicha facultad, quienes coincidieron en que el proceso de revisión del tratado representa uno de los mayores retos estratégicos para México en los próximos años.

Juan Carlos Botello explicó que el T-MEC, vigente desde 2020 tras la renegociación del TLCAN en 2018-2019, contempla una vigencia hasta 2036, con revisiones obligatorias cada seis años. La de 2026 será la primera y, subrayó, no se trata de una renegociación, sino de una evaluación integral del desempeño del acuerdo.

Uno de los elementos clave es la llamada cláusula “sunset”, que abre dos escenarios principales: Si los tres países están satisfechos con los resultados, el tratado podría renovarse por 16 años más, proyectándose hasta 2042.

Si no hay consenso, el acuerdo mantendría su vigencia original hasta 2036, pero con revisiones anuales, lo que incrementaría la incertidumbre para los mercados y las inversiones.

“El escenario ideal es la renovación, pero debemos ser realistas: las presiones, sobre todo de Estados Unidos, son fuertes y se concentran en sectores estratégicos”, advirtió el académico.

Entre los principales focos de tensión para México, Juan Carlos Botello destacó el sector automotriz, el sector energético y el ámbito laboral, áreas en las que Estados Unidos ha incrementado sus exigencias. En particular, señaló que podrían endurecerse las reglas de origen, elevando el contenido regional del 75% actual hasta niveles de 82.5% o incluso 85%, lo que beneficiaría principalmente a la industria estadounidense.

A ello se suma la discusión sobre el nearshoring, que para México representa una oportunidad aún no aprovechada plenamente. “Las nuevas inversiones han caído; lo que vemos son reinversiones, no la llegada de capital fresco que detone cadenas productivas”, puntualizó.

El especialista también alertó sobre un escenario más restrictivo, el reshoring, en el que empresas estadounidenses podrían regresar sus operaciones a su país de origen, reduciendo la participación de México en las cadenas regionales.

Por su parte, Guillermo Guzmán Cano enfatizó que el análisis del T-MEC no puede separarse del contexto geopolítico, marcado por la política comercial del presidente Donald Trump, la rivalidad con China y la búsqueda de una mayor regionalización económica en América del Norte.

A pesar de la incertidumbre, destacó que algunos sectores han mostrado resiliencia. Por ejemplo, el sector automotriz mexicano mantuvo una producción estable y solo registró una caída del 2% en exportaciones, mientras que México sigue aportando cerca del 17% de los vehículos ligeros importados por Estados Unidos.

Asimismo, señaló que algunas empresas mexicanas han comenzado a diversificar mercados, explorando destinos en Sudamérica, lo que demuestra la capacidad de adaptación del sector productivo nacional.

Ambos académicos coincidieron en que uno de los mayores retos para México es generar condiciones internas de certidumbre. La seguridad, el marco jurídico, la disponibilidad de energía y agua, la infraestructura logística y la transparencia en el uso de los recursos recaudados por aranceles serán factores determinantes para atraer y retener inversión.

“El nuevo orden mundial está devolviendo protagonismo a los aranceles como instrumento de política económica. El reto es saber cómo se usan esos recursos y si realmente se traducen en infraestructura y competitividad”, apuntó Guzmán Cano.

También advirtió que temas como la política ambiental y laboral serán ejes centrales en la revisión, así como la presión de Estados Unidos para alinear normas y reforzar controles en las cadenas de suministro.

En cuanto al calendario, los expertos explicaron que enero de 2026 es clave para la entrega de los informes finales de cada país. Posteriormente, a partir de julio, comenzarían los trabajos formales de revisión trilateral, con posibles definiciones hacia octubre.

Finalmente, los académicos subrayaron que, más allá de los escenarios, México enfrenta una coyuntura histórica que exige decisiones estratégicas para fortalecer su competitividad, mejorar la seguridad y consolidar su papel dentro de América del Norte.

“El T-MEC sigue siendo un instrumento fundamental. El reto está en cómo México se prepara internamente para negociar desde una posición de fortaleza y no solo de reacción”, concluyeron.

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Por Redaccion