Algo que todo transeúnte agradece en la ciudad, es una buena banca en el camino para reponer un poco las energías, pero esta, la que diseñó Pedro Friedeberg, en el año 2006, va más allá del simple acto de sentarse a descansar un rato.

Tanto así que cuando uno caminaba por Paseo de la Reforma, a la altura del Ángel de la Independencia, era improbable, casi imposible, encontrar esta banca disponible, a pesar de carecer del mejor complemento de toda banca, la sombra de un árbol.

Sin embargo, de pronto, un buen día desapareció sin dejar rastro. Pero justo, justo ahí, caminando por las calles del centro histórico de la ciudad de México, al pasar a espaldas de la Universidad del Claustro de Sor Juana, en la calle San Jerónimo, ahí estaba, espléndida como siempre, sorprendiéndome. Haciéndome su diálogo de banca, proponiéndome, ven y siéntate en mis manos, y acepte tan solo para tomarme la foto.

La peculiaridad de esta banca, es que cada mano tiene seis dedos, uno se explica para que quepan tres personas, y como se explicaba anteriormente, una mano con seis dedos demostraba grandeza.